miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nunca hace mal una última despedida.

Bueno, ya que ví que mis compañeros publicaron su punto de vista sobre el viaje, me gustaría hacerlo yo también.

Fue una ruta muy dificil, que la recorrimos como curso, como compañeros, como una gran familia. Las peleas constantes para decidirnos como pagar el viaje, cuanto números de rifa vendíamos, y la gran amenaza: "Tenes que ir porque es nuestro última parada todos juntos". Ibas o ibas, no había otra opción.
Muchas veces quise bajarme, y hasta el día de hoy no me arrepiento de haber ido.
Fue una experiencia inolvidable. La pasé muy bien, y aprendí cosas, que quizás mañana no las logre implementar en mis conocimientos.
Nunca tuve problemas muy grandes con mis compañeros de curso, simplemente, diferencias comúnes, como siempre.
Yo creo que mi gran logro fue haber ganado una batalla que muy pocos la saben pelear. Soy bastante aragán, pero puse empeño (y costó demasiado), y sali hacia adelante, a ganar una guerra peligrosa. Enfrentarme ante los libros, a las charlas, al estar horas bajo el sol escuchando procesos productivos de frutilla en el INTA. Sostener la grabadora en alto mientras el guía hablaba sobre historia argentina. Pero por sobre todo, cargar con el mismo peso de mis dos compañeros de grupo,
Y como lo mencionó Yanela en su post, no se si logré cumplir mi gran objetivo de aprobar la materia, pero vi un gran cambio en mí, y en todos los que me rodeaban esos días de noviembre en el Gran San Miguel de Tucumán.
Raúl Cotto, autor del blog.

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